
A la hora de introducir la alimentación complementaria en la dieta de un bebé, solemos recurrir a los coladitos o papillas. Las primeras cucharadas del bebé son un momento importante tanto para los padres que solemos inmortalizar el momento como para el pequeño que descubre una nueva forma de comer.
Tanto si el bebé está siendo amamantado hasta ese momento como si ha tomado biberón tiene que descubrir un nuevo artilugio que le proporcionará alimento, la cuchara. Y la manera en la que estaban acostumbrados a comer, es nueva. Cada bebé puede actuar de un modo diferente inventando su propio modo de aceptar la cuchara, siempre con la curiosidad lógica por mirar, tocar y meterse en la boca ese objeto nuevo.
¿Qué cuchara utilizamos?
Por ello es buena idea dejarle la cuchara al alcance, que se familiaricen con ella y con el plato. Lo mejor para esto es usar una cuchara de silicona con la que no se puedan lastimar al manipularla y al morderla.
Al tiempo, una cuchara de silicona en una etapa en la que tal probablemente tengan pocos dientes o ninguno, no dañará las encías si el bebé la muerde o si mueve la cabeza cuando se la estamos dando en la boca.
Otros consejos nos ayudarán a que estos primeros días de alimentación complementaria discurran de la mejor manera posible para el bebé, como no forzarlo, sostenerlo en el regazo para que esté más tranquilo, introducir los alimentos nuevos de uno en uno…
¿Cómo tragan esas primeras papillas?
La manera en que ingerirán los alimentos variará de un bebé a otro, pero es frecuente que hagan el movimiento de rodillo con la lengua dificultando la entrada de la cuchara, que sorban, que abran y cierren la boca, que empujen la cuchara con la lengua o que simplemente escupan…
De modo que, resumiendo, lo normal es que los primeros días acabe más comida encima de ellos y de nosotros o de la silla que en el estómago del bebé.
¿Hasta cuándo las primeras cucharadas?
En cualquier caso, sean como sean las primeras cucharadas del bebé, hemos de armarnos de paciencia (y de unos buenos baberos) y dejar que el tiempo haga su función hasta que el bebé se adapte a esta forma nueva de alimentarse. Antes de que nos demos cuenta, pasaremos a los trocitos y las papillas quedarán atrás.
Recordemos que la OMS, en sus guías para la alimentación del lactante amamantado y del lactante no amamantado especifica que a partir de los seis meses, los bebés son capaces de comer purés, papillas y alimentos semisólidos.
Antes deben alimentarse sólo de leche, que ha de seguir siendo el alimento fundamental hasta el año de vida. Y a los ocho meses la mayoría pueden consumir alimentos que pueden coger con los dedos y comer ellos.
Pero las primeras cucharadas del bebé, cuando descubren las papillas y los purés, son el primer paso de todo un nuevo mundo fascinante de texturas, sabores, colores y olores.
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