
El “chupete”, en inglés, se llama “Pacifier”, que significa pacificador, lo que señala con toda claridad su principal función: tranquilizar a los niños pequeños durante algún rato. Sin embargo, todo proceso artificial que introduzcamos para modificar el comportamiento de los niños tiene ventajas y desventajas, siendo necesario conocerlas antes de tomar la decisión de su uso.
En el proceso de desarrollo normal de los niños, existe una fase bien definida, que se denomina fase oral, presente desde los primeros meses de edad; durante esta fase el niño aprende a relacionarse con el medio, siente placer a través de la boca, empieza a conocer partes de su cuerpo llevándoselas a la boca, todo lo quieren probar, y desde luego, como parte de este proceso, empiezan a chuparse el dedo, lo cual es perfectamente normal y desaparece espontáneamente conforme el niño madura.
Es en esta etapa donde los padres introducen el uso de el chupete con varios fines: analicemos algunos de estos objetivos y veamos si realmente cumplen con lo que esperamos.
La primera razón que utilizan los padres para usar el chupete, es con el objetivo de regular el horario de los niños. Durante las primeras semanas los niños alimentados al pecho no tienen horario, comen muy frecuentemente o duermen mucho, y lloran más en la noche que en el día. La producción de leche materna varía durante el día lo mismo que su composición, por lo que a veces los niños quedan muy satisfechos y a veces quedan con hambre. Este es un proceso normal que no puede modificarse con el chupete durante las primeras semanas. Pero además, el riesgo de aspiración de vómito es mayor en un niño pequeño con chupeta que sin ella. La recomendación entonces en estos casos es muy clara: no se recomienda usar el chupete en niños menores de un mes.
El segundo concepto erróneo es que el chupete disminuye el cólico en los niños. El cólico tiene mucha relación con la producción de gas en el intestino, y el chupete mas bien puede favorecer que el niño trague más gas, por lo que los niños con cólico no mejoran con el uso de el chupete.
El otro argumento que escuchamos con frecuencia para utilizar el chupete es que es más fácil quitarles el chupete que el hábito de chuparse el dedo. Esta afirmación también es incorrecta, y mas bien con el uso de el chupete durante todo el día acostumbramos a los niños a tener siempre algo en la boca, y cuando queremos quitárselas empiezan a usar el dedo.
Existen algunos factores claramente establecidos sobre el riesgo del uso del chupete:
1. El riesgo de contaminación: Es muy difícil mantener un chupete limpia, especialmente cuando se usa durante todo el día , lo que aumenta el riesgo de adquirir diarrea. Por otra parte, se sabe que la miel puede contaminarse con algunas bacterias, por lo que este riesgo es mayor si se tiene la costumbre de ponerle miel al chupete.
2. Deformidad de los dientes: Si se usa el chupete cuando el niño ya tiene dientes, estos pueden presentar alguna deformación, sobre todo si su uso se prolonga por mucho tiempo.
3. Infecciones en los oídos: En los niños que usan chupete después de los 10 meses de edad, aumentan las infecciones del oído medio. El chupete incrementa la salivación, eliminándose más bacterias, favorece la presencia de hongos y modifica el tipo de bacterias de la boca. La succión constante por el uso del chupete favorece el paso de estas al oído medio.
La única indicación real del chupete, sería cuando queremos entretener un poco más a los niños mayores de 1 mes, con el objeto de ordenarles un poco el horario. Si un niño está siendo alimentado con leche materna, y la madre tiene que salir, es mejor usar el chupete mientras la madre regresa si el niño llora antes de tiempo que darle fórmula.
En resumen, las indicaciones del chupete son muy pocas y los problemas potenciales muchos. Si nos decidimos a usarlo, debería ser después del mes de edad, suspendiéndola antes de los 10 meses, y siempre debemos usarla por periodos muy cortos de tiempo, antes de la hora de comer, y con precauciones muy estrictas en lo que se refiere a su limpieza.
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